
Cronista oficial de Artenara y escritor
José Antonio Luján Henríquez fue cronista oficial de Artenara, catedrático de Lengua Castellana y Literatura, escritor y colaborador de LA PROVINCIA con la columna Piedra Lunar.
Cronista oficial de Artenara y escritor · 1950–2025

Cronista oficial de Artenara y escritor
José Antonio Luján Henríquez fue cronista oficial de Artenara, catedrático de Lengua Castellana y Literatura, escritor y colaborador de LA PROVINCIA con la columna Piedra Lunar.
Nacido el 8 de octubre de 1950 en una cueva de Artenara, José Antonio Luján Henríquez vinculó su obra a la cumbre de Gran Canaria y al municipio del que fue cronista oficial. La biografía turística de Artenara lo presenta como licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de La Laguna, catedrático de Lengua Castellana y Literatura en secundaria y cronista oficial de Artenara.
Su trayectoria combinó docencia, investigación local, prensa y escritura literaria con una atención constante al paisaje cultural de la cumbre. Fue coordinador de Crónicas de Canarias, anuario de la Junta de Cronistas Oficiales de Canarias, asociación de la que fue miembro fundador y presidente. También formó parte del Instituto Canario de Estudios Históricos Rey Fernando Guanarteme, de la Comisión Insular de Patrimonio Histórico del Cabildo de Gran Canaria y de la Asociación Canaria de Escritores. Desde 1995 firmó en LA PROVINCIA la columna Piedra Lunar, una serie de crónicas que él mismo relacionaba con la cumbre, la realidad y el sueño. Su bibliografía recorrió la historia local de Artenara, la presencia de Unamuno en Gran Canaria, el paisaje literario de la isla, la toponimia, la alfarería de Lugarejos y la memoria oral, con títulos como Aspectos Históricos de Artenara, La voz de la memoria y Tempestad de piedra.
Tras su fallecimiento el 26 de diciembre de 2025, LA PROVINCIA lo recordó como cronista de Artenara, prosista, articulista y maestro de la canariedad. Su legado no se reduce a una lista de libros: queda en una manera de leer Artenara como centro de interpretación de la isla, en la recuperación de voces y oficios locales, en la defensa del patrimonio histórico y en una escritura que convirtió la crónica municipal en literatura de paisaje, memoria y comunidad. Para Gran Canaria, su figura enlaza el trabajo paciente del cronista con la sensibilidad del profesor y del escritor que supo hacer de la cumbre un espacio cultural reconocible.