El mito de la insularidad: Canarias entre la realidad y la ficción
Hablar de Canarias es mucho más que nombrar un territorio: es invocar una compleja red de significados, mitos y tensiones históricas. La insularidad, ese rasgo geográfico tan evidente, ha sido durante siglos el eje central de la representación de la sociedad canaria, pero también una poderosa ficción que ha encubierto realidades incómodas y ha servido para perpetuar una visión esencialista del Archipiélago[^publicacion-indesign-canarias-2025].
Insularidad y mito: una construcción colonial
Desde la conquista europea, la imagen de Canarias ha estado marcada por el exotismo y la idealización. Poetas y escritores han descrito las islas como “fragmentos de verdad”, “terrenos paraíso” o “donde convergen la gloria y la tierra”. Esta visión, sin embargo, no es inocente: responde a una tradición colonial que ha convertido la insularidad en un mito, ocultando las profundas desigualdades sociales, la diversidad cultural y la proximidad africana del Archipiélago[^publicacion-indesign-canarias-2025].
Autores como Ángel Valbuena Prat y Andrés Sánchez Robayna han reducido la experiencia canaria a tópicos como el aislamiento, el cosmopolitismo o la intimidad, reforzando la idea de una identidad insular única y cerrada. Sin embargo, otros intelectuales, como Claude Le Bigot o Nilo Palenzuela, han cuestionado este esencialismo, señalando que la insularidad no garantiza una mentalidad específica ni explica por sí sola la complejidad de la sociedad canaria[^publicacion-indesign-canarias-2025].
La insularidad como frontera y negación
El mito de la insularidad ha servido también para negar la africanidad de Canarias. Conceptos como “atlantismo” o “atlanticidad” han sido utilizados para desplazar la referencia africana y vincular las islas a Occidente, reforzando su condición periférica y su dependencia de narrativas externas. Esta estrategia, presente tanto en la literatura como en la política y la academia, ha contribuido a mantener una imagen de Canarias como espacio exótico y ahistórico, ajeno a los conflictos y desigualdades que realmente la atraviesan[^publicacion-indesign-canarias-2025].
Hacia una representación crítica
Frente a esta tradición, nuevas voces feministas y descoloniales han comenzado a desmontar los mitos de la insularidad, reivindicando la pluralidad de experiencias y la necesidad de reconocer las luchas de clase, raza, género y conocimiento que configuran la sociedad canaria. Como señala Roberto Gil Hernández, sólo enfrentando la fantasía ideológica que recubre el nombre de Canarias podremos avanzar hacia una representación más justa y honesta del Archipiélago[^publicacion-indesign-canarias-2025].
En definitiva, la insularidad de Canarias no es solo una realidad geográfica, sino una construcción simbólica que ha servido tanto para unir como para excluir. Superar el mito implica abrir espacios para nuevas narrativas, capaces de reflejar la complejidad y la diversidad de las islas más allá de su ficción insular.
