El guanche como espejo: invención, identidad y raciología en Canarias
La figura del guanche, lejos de ser simplemente un vestigio arqueológico, ha sido uno de los principales espejos en los que la sociedad canaria ha buscado su reflejo identitario. Pero, ¿cómo se forjó esta imagen y qué intereses la moldearon? Fernando Estévez González, en su estudio sobre la invención del guanche, nos invita a mirar críticamente la relación entre ciencia, poder e ideología en la construcción de este mito fundacional1.
El guanche: de aborigen a arquetipo
Desde la conquista, los antiguos canarios pasaron de ser considerados “bárbaros” a convertirse en objeto de admiración y simpatía, tanto dentro como fuera de las islas. Esta transformación no fue casual: la mirada europea, en su afán por clasificar y jerarquizar a los “otros”, situó a los guanches en un lugar privilegiado dentro de las taxonomías raciales del siglo XIX. No por razones puramente científicas, sino por motivaciones ideológicas y políticas, se les dotó de atributos como nobleza, valentía y una supuesta cercanía a los ancestros europeos1.
La raciología y la búsqueda de un origen noble
A partir de la obra de Berthelot, la antropología canaria se volcó en demostrar la continuidad biológica y moral de los guanches en la población actual. La idea de que los guanches eran beréberes norteafricanos, blancos y de origen europeo, se consolidó como el pilar de la identidad canaria. Esta visión, lejos de ser inocente, respondía al deseo de las élites criollas de distanciarse de los “otros” marcados por Occidente como inferiores: árabes, indios, negros1.
La ciencia, en este contexto, no fue neutral. La antropología física y la raciología sirvieron para legitimar una identidad canaria blanca y europea, mientras que la psicología y el folklore reforzaban estereotipos positivos sobre el carácter guanche. Así, el pasado aborigen se convirtió en un recurso para afirmar la modernidad y la dignidad de la sociedad isleña.
El mito del guanche y la construcción de la nación
Lo paradójico es que, en realidad, el guanche nunca existió tal como lo imaginamos hoy. Fue una invención, una construcción histórica y cultural que sirvió para dotar a la nación canaria de unos ancestros premodernos y prestigiosos. Como señala Estévez, “la historia de los guanches no es otra que la de la mirada narcisista de los que primero se consideraron elegidos de Dios y luego… se autoconvencieron de que la Naturaleza los había favorecido para siempre”1.
Hoy, la reivindicación del pasado guanche sigue siendo un elemento central en los debates sobre identidad frente a la globalización y la inmigración. Sin embargo, es fundamental recordar que buscar las raíces puede ser, como advertía José Bergamín, “una forma subterránea de andarse por las ramas”.
