Desde tiempos antiguos, las islas han sido espacios privilegiados para la imaginación y el mito. Entre todas las leyendas que han rodeado a las Islas Canarias, una de las más persistentes y fascinantes es la de las Islas de los Bienaventurados (Makáron nêsoi en griego), que ha influido profundamente en la percepción de este archipiélago[^economia-canarias-cfc-2010].
La primera mención de las Islas de los Bienaventurados aparece en la obra de Hesíodo, Trabajos y Días (c. 700 a.C.), donde se describe un lugar reservado para héroes recompensados por los dioses con una vida libre de preocupaciones, en un entorno de clima suave, naturaleza fértil y ausencia de guerras. Este mito se asocia a menudo con los Campos Elíseos y la Edad de Oro, representando la utopía de la felicidad eterna[^economia-canarias-cfc-2010].
Con el tiempo, el concepto evolucionó. En el siglo V a.C., el poeta Píndaro transformó las Islas de los Bienaventurados en la morada de las almas justas, no solo de héroes. Así, estos lugares pasaron a ser islas escatológicas, relacionadas con el Más Allá y la vida después de la muerte, una idea que también se encuentra en otras culturas, como la celta y la egipcia[^economia-canarias-cfc-2010].
A partir del siglo III a.C., los elementos míticos se transfirieron a islas reales del Atlántico. Autores grecolatinos como Estrabón, Plutarco, Pomponio Mela y Plinio el Viejo comenzaron a identificar las Islas de los Bienaventurados con archipiélagos como las Azores, Madeira, Cabo Verde y, especialmente, las Canarias. Esta asociación se reforzó porque, hasta el descubrimiento de América, Canarias era el último límite occidental del mundo conocido, rodeado por el misterioso Océano Atlántico[^economia-canarias-cfc-2010].
El término “Islas Afortunadas” proviene de la traducción latina Fortunatae Insulae, usada por Plauto y posteriormente por otros autores. En la Edad Media y la Edad Moderna, esta denominación se consolidó y hoy en día sigue siendo un símbolo de identidad y reclamo turístico para Canarias[^economia-canarias-cfc-2010].
Incluso en la literatura árabe medieval, las Canarias aparecen bajo nombres míticos como “Islas Eternas” o “Islas de la Felicidad”, versiones árabes del concepto griego original. Esta universalidad del mito sugiere que la idea de un paraíso insular es una constante en la imaginación humana, asociada a la búsqueda de la felicidad y la perfección en lugares apartados y misteriosos[^economia-canarias-cfc-2010].
En definitiva, el mito de las Islas de los Bienaventurados ha sido fundamental para la construcción del imaginario atlántico grecolatino y la identidad canaria. Ha inspirado a poetas, viajeros y científicos a lo largo de los siglos, y sigue vivo en la cultura y la memoria colectiva de las islas. Como escribió el poeta canario Bartolomé Cairasco de Figueroa, “no hay parte acá en el suelo que así se afronte y frise el cielo”[^economia-canarias-cfc-2010].
