A finales del siglo XIX y comienzos del XX, el regionalismo canario emergió como un tema central en la vida política y cultural del archipiélago, especialmente tras la pérdida de las últimas colonias españolas en 1898 y el consiguiente interés renovado de la metrópoli por Canarias[1]. En este contexto, la prensa jugó un papel fundamental en la articulación de debates sobre la identidad, la autonomía y la relación de Canarias con España.
Uno de los protagonistas de este debate fue José Betancort Cabrera, conocido por su seudónimo Ángel Guerra, nacido en la Villa de Teguise, Lanzarote, en 1874[1]. Betancort Cabrera se trasladó joven a Las Palmas para continuar sus estudios y comenzó a colaborar con la prensa local antes de establecerse en Madrid en 1900, donde mantuvo una intensa actividad periodística en el “Heraldo de Madrid” y otros medios[1].
En 1902, Ángel Guerra publicó en el periódico “Las Canarias” una serie de cinco artículos bajo el título “Sobre Canarias. Britanización y separatismo”, en los que respondía a las acusaciones de “britanización” y separatismo que circulaban en la opinión pública madrileña respecto al archipiélago[1]. Guerra defendía con firmeza la españolidad de Canarias y negaba la existencia de un movimiento separatista real, argumentando que “en la lejana provincia, que ni aún se inquieta con fiebres regionalistas, alienta revibrante el alma española”[1].
Sin embargo, la prensa canaria reflejaba una realidad más compleja, con voces que reivindicaban la autonomía administrativa y económica para el archipiélago. Un ejemplo destacado fue la campaña autonomista impulsada por Secundino Delgado desde el periódico “¡Vacaguaré!”, que defendía la necesidad de cuerpos legislativos y ejecutivos propios para Canarias[1]. La detención de Delgado fue interpretada por la opinión pública insular como un intento de reprimir el autonomismo, aunque oficialmente se le acusó de conspirar contra el gobierno español en Cuba[1].
Ángel Guerra, en sus artículos, se posicionó como portavoz de los sectores más españolistas de la burguesía canaria, temerosos de cualquier cambio en la situación política. Defendía que “su historia, su raza, su lengua y su alma son hidalgas, son caballerescas, pertenecen por completo al añoso solar castellano”[1]. No obstante, reconocía que el regionalismo podía tener cabida en la medida en que contribuyera a la unión del archipiélago y al fortalecimiento de su identidad dentro de España.
La prensa, tanto insular como nacional, fue el espacio donde se debatieron estos conceptos y donde personajes como Ángel Guerra y Secundino Delgado expusieron sus visiones contrapuestas sobre el futuro político de Canarias[1]. Este debate reflejaba las tensiones entre centralismo y autonomía, así como la influencia de factores internacionales, como el dominio económico británico sobre el archipiélago en el siglo XIX[1].
La figura de Ángel Guerra ilustra la complejidad del regionalismo canario en este periodo, donde la reivindicación de una identidad propia coexistía con la defensa de la españolidad y la preocupación por el futuro político y económico de las islas[1].
