José Luján Pérez nació el 9 de mayo de 1756 en la villa de Guía, Gran Canaria, en el seno de una familia de propietarios acomodados, José Miguel Luján y Ana Pérez Sánchez. Desde su infancia, mostró una inclinación innata hacia la escultura, utilizando barro y madera para sus primeros ensayos, valiéndose únicamente de un cuchillo como herramienta. Esta vocación fue tan persistente que, a pesar de las reconvenciones familiares, dedicó su tiempo a modelar figuras inspiradas en la naturaleza que le rodeaba [1].
Un amigo de la familia, Blas Sánchez Ochando, reconoció su talento y le animó a trasladarse a Las Palmas para perfeccionar el dibujo, augurándole un futuro prometedor si mantenía disciplina y constancia. En la capital insular, Luján Pérez encontró en Cristóbal Afonso un maestro entusiasta de las bellas artes, quien le enseñó los fundamentos del dibujo y el manejo del cincel. Además, realizó un viaje a La Orotava para estudiar la efigie de Jesucristo en la columna, considerada entonces el mejor modelo de estatuaria del archipiélago [1].
La formación de Luján Pérez fue esencialmente autodidacta, complementada por las observaciones y consejos de aficionados locales y el estudio de las obras existentes en iglesias y conventos. Su carrera artística se vio favorecida por la ferviente religiosidad de la época y el deseo de enriquecer los templos con nuevas imágenes. La construcción de la Catedral de Las Palmas y otros templos en la isla le brindaron la oportunidad de desarrollar su talento y producir numerosas esculturas [1].
Entre sus obras más destacadas se encuentra el crucifijo de la Sala Capitular de la Catedral de Las Palmas, considerado un modelo de buen gusto e inspiración. También en la Catedral, la Virgen de los Dolores del oratorio de don Miguel Toledo es notable por la expresión de dolor y belleza en el rostro de la imagen. Las estatuas colosales del cimborio de la Catedral, representando a los apóstoles, son también obra suya, así como la Virgen de la Asunción en la capilla de la Antigua y la Virgen del Carmen en la parroquia de San Agustín [1].
Luján Pérez no solo destacó en la escultura en madera, sino que también trabajó el mármol y el jaspe, materiales que extrajo de canteras locales. Un ejemplo de este trabajo es el bajo relieve de Santa Ana en el frontis posterior de la Catedral y varios modelos en jaspe que se conservaban en el museo de la Sociedad de Amigos del País de Las Palmas [1].
Además de su labor como escultor, dirigió y concluyó las obras de la Catedral tras la muerte de Diego Nicolás Eduardo, aunque como arquitecto no alcanzó la misma notoriedad. En su testamento, Luján Pérez donó mil pesos para la adquisición de un reloj para la parroquia de Guía y todos sus papeles y modelos a la academia de dibujo de Las Palmas, de la que era maestro y director. Falleció en diciembre de 1815 en su pueblo natal, siendo el primero en ser sepultado en el cementerio de Guía, cuya construcción él mismo había promovido [1].
