El habla de Valle Gran Rey, en el suroeste de La Gomera, es un tesoro lingüístico que conserva rasgos fonéticos y morfológicos únicos dentro del español canario. Analizado en profundidad por Manuel Navarro Correa, este dialecto refleja tanto la historia aislada del valle como influencias de otras regiones peninsulares y atlánticas[1].
La aspiración de la ‘h’ y la conservación de la ‘j’ latina
Uno de los rasgos más distintivos es la conservación de la ‘j’ inicial latina en forma de ‘h’ aspirada, especialmente en el habla familiar. Palabras como jormiga (hormiga), jumasera (humareda) o jorca (horca) mantienen una aspiración que, aunque va retrocediendo ante la norma culta, sigue viva entre los hablantes más rústicos. Incluso se encuentran formas como jata y jahta (hasta), que recuerdan la influencia árabe en el léxico español[1].
Vocalización y reducción de consonantes
En Valle Gran Rey es común la pérdida de la -d- intervocálica, fenómeno compartido con otras zonas del español vulgar. Así, “nada” se convierte en náa, y “criada” en criá. También se observa la vocalización de la -d final, que desaparece en palabras como sé (sed) o paré (pared), y se vocaliza en los imperativos: cantai (cantad)[1].
La tendencia a cerrar las vocales átonas finales transforma la -o en -u y la -e en -i, fenómeno que se extiende a toda La Gomera. Por ejemplo, “pueblo” se pronuncia pueblu y “noche” como nochi.
Metátesis y asimilaciones
El habla local abunda en metátesis (cambio de lugar de sonidos), como en calriar (carlear), presinasi (persignarse) o canila (calina). También se producen asimilaciones y disimilaciones, por ejemplo, trehpasar (traspasar) o lanteja (lenteja)[1].
Contracción y pérdida de sonidos
Es frecuente la contracción del artículo con la palabra siguiente, dando lugar a formas como lagua (el agua) o lombligu (el ombligo). Además, la -r del infinitivo se pierde cuando va seguida de pronombre enclítico: vela (verla), partiluh (partirlos)[1].
Distinción de ‘ll’ y ‘y’
A diferencia de otras zonas canarias donde el yeísmo es dominante, en Valle Gran Rey se mantiene la distinción entre ll y y, aunque el yeísmo aparece entre los marinos del sur de la isla.
Un dialecto vivo y en evolución
Estos rasgos fonéticos, junto a otros fenómenos como la aféresis (pérdida de sílabas iniciales) y la presencia de formas arcaicas, hacen del habla de Valle Gran Rey un ejemplo fascinante de la riqueza y diversidad del español en Canarias. Su estudio no solo preserva la memoria lingüística de la isla, sino que también revela la interacción entre aislamiento geográfico y creatividad popular en la evolución de la lengua.
