María del Carmen de Betancourt y Molina (1758-1824) fue una figura singular en la historia de Canarias, especialmente en el ámbito de la industria de la seda durante el último cuarto del siglo XVIII.[1] Nacida en el seno de una familia culta y acomodada, María creció en un ambiente propicio para el desarrollo intelectual y la experimentación, lo que le permitió adquirir conocimientos avanzados para una mujer de su época.[1]
La industria de la seda en Tenerife, aunque en decadencia en el siglo XVIII, había alcanzado un notable desarrollo desde el siglo XVI, con una producción que abastecía tanto al consumo local como a la exportación hacia América.[1] En este contexto, María no solo participó activamente en las diferentes fases del proceso de producción de la seda, sino que también se dedicó a la enseñanza de sus conocimientos a otras mujeres, como se desprende de los documentos conservados en la Real Sociedad de Amigos del País de Tenerife.[1]
Uno de los aspectos más destacados de la labor de María fue su entrega a la experimentación en los métodos de obraje de la tejeduría y la tintorería, así como en la cría de gusanos de seda.[1] María realizó ensayos para determinar la idoneidad de alimentar los gusanos con hojas de moral o de morera, concluyendo que la morera mejoraba la calidad de la seda producida.[1] Además, participó en concursos organizados por la Real Sociedad para incentivar la industria sedera, presentando muestras de pasamanería de gran belleza y perfección, que evidencian el grado de refinamiento alcanzado por las sederías locales.[1]
María también fomentó la innovación técnica, incitando a su hermano Agustín a idear la llamada Máquina Epicilíndrica, un mecanismo que permitía entorchar hilos de diferentes materias, optimizando el tiempo y la calidad de los acabados.[1] Esta máquina fue utilizada en la manufactura de pasamanerías y otras artes de lo estrecho, y su invención supuso un avance significativo para la industria local.[1]
Su trabajo fue reconocido y premiado en varias ocasiones, llegando a ser admitida como miembro de la Junta de Damas de Honor y Mérito de la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País.[1] La documentación conservada muestra que María y sus alumnas contribuyeron con técnicas avanzadas de tejeduría y tintorería, poco frecuentes en la producción isleña, y elaboraron muestras de cintas, encajes, galones y borlas con hilaturas de diferentes finuras, torsiones y colores.[1]
La labor de María de Betancourt en la industria de la seda representa un ejemplo excepcional de experimentación y transferencia de conocimientos en el contexto de la Ilustración canaria, y evidencia la participación activa de las mujeres en la mejora de las artes e industrias locales durante este periodo.[1]
