La esclavitud en Fuerteventura en los siglos XVI y XVII: origen, mercado y manumisión - Historia
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Historia
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Introducción

La esclavitud fue una institución profundamente arraigada en el archipiélago canario, y Fuerteventura no fue una excepción. Durante los siglos XVI y XVII, la isla experimentó una dinámica particular en cuanto al origen de sus esclavos, el funcionamiento del mercado esclavista y los procesos de manumisión, aspectos que pueden ser reconstruidos gracias a los protocolos notariales y otras fuentes documentales[1].

Origen de los esclavos en Fuerteventura

La primera población esclava significativa en Fuerteventura fue la morisca, procedente de la costa africana. Desde los primeros años del siglo XV, se documentan incursiones en Berbería para capturar esclavos moros, actividad iniciada por figuras como Juan de Bethencourt y continuada por los señores de la isla[1]. Estas expediciones se prohibieron en 1572, aunque algunas se autorizaron posteriormente. A finales del siglo XVI, la mayoría de los moriscos habían alcanzado la condición de libres, y la fuente principal de esclavos pasó a ser la importación de negros desde Madeira, Cabo Verde y otras islas, principalmente a través de mercaderes portugueses y tinerfeños[1].

El mercado esclavista: funcionamiento y características

El mercado de esclavos en Fuerteventura se conoce principalmente a través de las escrituras de compraventa, donde se detallan las características de los cautivos, sus precios, edades, sexo y origen. Entre los siglos XVI y XVII, los esclavos negros fueron los más numerosos, seguidos de mulatos y, en menor medida, moriscos y blancos. Los varones eran preferidos para labores agrícolas y ganaderas, mientras que las mujeres se destinaban al servicio doméstico y eran valoradas también por su capacidad reproductiva[1].

El precio de los esclavos oscilaba entre 1.000 y 1.600 reales, aunque variaba según la edad, el sexo, la raza y el estado físico del cautivo. Los niños y los ancianos tenían menor valor, mientras que las mujeres jóvenes podían alcanzar precios superiores, especialmente por su potencial reproductivo. Además, el pago podía realizarse en dinero o en especie, como trigo, cebada o ganado[1].

Los principales propietarios de esclavos eran los señores de la isla, miembros del Cabildo, militares y clérigos, aunque también algunos vecinos adquirían esclavos según sus posibilidades. Los vendedores solían ser forasteros, especialmente mercaderes de Tenerife, Gran Canaria y Portugal, que buscaban obtener carne y cereales a cambio de los cautivos[1].

Manumisión y libertad

La libertad era el objetivo final de muchos esclavos, que podían obtenerla por carta de alhorría, cláusula testamentaria o mediante el pago de su rescate. Aproximadamente el 24% de los esclavos documentados en el siglo XVII fueron liberados, siendo las mujeres y los niños los más beneficiados, a menudo por lazos familiares con sus amos. Las condiciones de la manumisión variaban: algunas eran incondicionales, otras imponían servicios a los herederos o el cumplimiento de mandas religiosas[1].

En ocasiones, la libertad se obtenía mediante el pago de una suma acordada, sufragada por familiares o por el propio esclavo con el fruto de su trabajo. Sin embargo, no todos lograban la manumisión, y algunos permanecían cautivos hasta su muerte o eran vendidos en otros lugares del archipiélago[1].

Conclusión

El estudio de la esclavitud en Fuerteventura durante los siglos XVI y XVII revela una realidad compleja, marcada por la diversidad de orígenes de los cautivos, la dinámica del mercado esclavista y los distintos caminos hacia la libertad, todos documentados en los protocolos notariales de la época[1].

Fuentes