El Tratado de Alcáçovas, firmado en 1479, fue un acuerdo crucial en la historia de las Islas Canarias durante el período de la conquista. Este tratado puso fin a la Guerra de Sucesión Castellana y estableció un reparto de zonas de influencia entre los reinos de Castilla y Portugal. En el contexto de la expansión atlántica, el tratado reconoció la soberanía castellana sobre las Islas Canarias, mientras que Portugal obtuvo el control sobre Madeira, Azores y Cabo Verde, además de derechos sobre la costa africana. Este acuerdo fue fundamental para la consolidación del dominio castellano en Canarias, facilitando su posterior conquista y colonización. La aceptación portuguesa de la soberanía castellana sobre Canarias permitió a Castilla centrarse en la unificación de sus territorios y en la expansión hacia América. Este tratado marcó un hito en la política de expansión europea, influyendo en la configuración geopolítica del Atlántico.
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