En la década de 1950, las Islas Canarias comenzaron a experimentar un notable auge en el sector turístico, transformándose en un pilar fundamental de su economía. Este desarrollo fue impulsado por varios factores, incluyendo el clima templado durante todo el año, la belleza natural de las islas y la creciente demanda de destinos turísticos accesibles en Europa. La mejora en las infraestructuras, como aeropuertos y carreteras, facilitó el acceso a las islas, atrayendo a turistas de todo el continente. Este fenómeno no solo generó empleo y riqueza, sino que también provocó cambios significativos en la sociedad canaria, desde la urbanización hasta la diversificación de la economía local. El turismo se consolidó como el motor económico principal, influyendo en la cultura y el modo de vida de los habitantes. Este periodo marcó el inicio de una nueva era de prosperidad y modernización para las Islas Canarias.
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